miércoles, 15 de marzo de 2017

Personalidad de los escolares

Seis es una edad de prueba para un padre o una madre. Este comentario puede parecer exagerado pero se adapta a las tensiones sociales que vive el niño de seis años. Ningún otro periodo es tan exigente para el niño como el de seis. Es la etapa de los estallidos emocionales, de una sensibilidad exacerbada, la vida se torna para el niño mucho más complicada así que lo más recomendable para los padres es actuar hacia ellos con mayor prudencia. Es la edad en que deben evitarse los choques directos con el niño. Seis es altamente sensible a sus estados de ánimo, tensiones y emociones de sus padres aunque estos crean que han ocultado sus emociones ante el niño. Seis descubre de manera rápida cualquier cambio de expresión facial y reacciona de mala manera al levantamiento de voz. Aunque se le describe como peleado con la madre en realidad es sumamente ambivalente puede decir; -te quiero y al minuto siguiente te odio-

Siete es menos empecinado y testarudo que seis. Siete comienza a ser un verdadero miembro de la familia listo para aceptar algunas responsabilidades domésticas. A esta edad muchos niños quieren ayudar haciéndose cargo de algunas tareas hogareñas. Siete no exige compañía como lo hacía a los seis, pasa periodos prolongados a solas. Los juegos de puertas adentro constituyen a veces que el niño se comporte de manera salvaje, siete se comporta de mejor manera que seis aunque probablemente abandone a sus compañeros si las cosas no resultan a su gusto o provoquen una riña. Algunos se resisten a pelear y ocultan sus temores tras una cortina de abundante conversación.

Ocho es “persona” según las normas adultas en función de las relaciones adulto – niño. Se conversa con un niño de ochos años con menor condescendencia. El niño crece y  tiene conciencia de ello como de él mismo, está regido por presiones de crecimiento que le impulsan a contactos positivos con su ambiente, incluso con sus mayores. Es menos pensativo y retraído que a los siete, es más centrífugo, es también más rápido en sus propias reacciones y comprende mejor las reacciones de los demás. Ocho posee tres rasgos  característicos de su conducta: velocidad, expansividad y “valoratividad”. Este último término no se encuentra en los diccionarios pero describe la tendencia dominante del niño a valorar todo lo que le sucede y lo que sucede por su causa.

Nueve esta tan atareado con su propia vida que exige menos de su madre. Ya no es necesario que madre este en casa cuando nueve regresa de la escuela, si bien algunos niños necesitan de alguna nota indicándoles donde se encuentra a muchos niños de esta edad se les puede confiar la casa hasta que la madre regrese. Nueve esta tan atareado con su vida y sus amigos que comparte poco con los padres, excepto cuando hacen algún viaje  en familia. Inician una tendencia a tener amigos especiales, elige como amigo o amiga íntima solo a alguien de su propio sexo, existe una crítica abierta al sexo opuesto. Le gustan los juegos colectivos dotados de cierta organización, son perfectamente naturales en sus modales; pide permiso para levantarse de la mesa,  saluda a las visitas estrechándoles la mano, agradece a su anfitrión. Los padres se deleitan viendo actuar a su hijo o hija en lugar de tener que apuntarles tras bambalinas.

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